Sabía que ese día iba a pasar algo. Lo sentía en todas aquellas personas que se paseaban frenéticamente a mi alrededor sin parar a mirarme. Esquivaban mi mirada, me temían, como si en algún momento fuera a saltar sobre ellos hecho una furia y les fuera a clavar estacas en la espalda y fuera a dejar que se desangrara sobre la arena mientras yo reía y le cortaba las orejas y el rabo. Que barbaridad... ¿Por quien me toman? No soy un monstruo... De todas formas, siguieron ignorandome. Incluso cuando un hombre vino y me saco casi a la fuerza de mi habitáculo evito mi mirada. Su actitud era fría, casi hostil, y no pude evitar un estremecimiento... ¿A donde me llevaban? ¿Por que no podían dejarme donde estaba? Ignorando mi destino avance por un pasillo oscuro mientras a mis oídos llegaban los vítores y alaridos extravagantes y encolerizados de un millar de personas. Mi corazón se encogió y los nervios se apoderaron de mi cuerpo entero... Todo seguía siendo negro. Todo negro... Unas manos empolvaron mis ojos. Escocía, escocía mucho y no me dejaba ver bien... mi corazón se aceleró. Mis ojos se aguaron por el polvo, o quizá fue para la inminente sensación de fin que invadió mi mente y mi cuerpo, provocando unos incontrolables gemidos de angustia. Sentí mi garganta arder. Sabia que algo iba a salir mal... Cuando abrieron la verja que me separaba de mi cruel y esperado destino me negué a salir. Aquellos hombres me obligaban a enfrentarme a una muerte segura, a una humillación eterna y a un dolor inhumano. ¿Por que a mi? Yo no quería morir, no quería perder mi vida, no quería sufrir. Pero nada podía hacer ya salvo intentar luchar por mi vida. Luchar por un imposible contra lo que todo el mundo estaba en contra. Yo tenia que salir de alli muerto. Y así lo haría. Si en algún momento esperé algún tipo de consideración, de paciencia, de humanidad...se esfumó rápido...